Javier Milei y Mauricio Macri volverán a verse las caras este viernes en Olivos, en un encuentro que promete más condimentos que una parrillada de domingo. Tras el triunfo legislativo, el Presidente decidió abrir las puertas de la Quinta para conversar con el exmandatario, quien llega con el pecho inflado por la remontada del PRO en Buenos Aires. En el menú: milanesas, sonrisas y una dosis de cálculo político para definir cómo se reacomoda el tablero del poder.
El resultado de las elecciones revitalizó la relación entre libertarios y macristas. Mientras Milei disfruta su momento de gloria con un Congreso más dócil, Macri olfatea la oportunidad de volver al centro de la escena sin ensuciarse demasiado. “Es un win-win”, dicen los suyos. En el PRO aseguran que no habrá sillones inmediatos en el gabinete, pero nadie descarta que el expresidente meta la cuchara más adelante. Lo cierto es que ambos necesitan lo mismo: poder y gobernabilidad.
En el Congreso, el futuro de la alianza se juega voto a voto. El PRO resiste ser devorado por los libertarios, y Milei no quiere socios que le hagan sombra. En los pasillos del poder ya se habla de un interbloque compartido, pero los egos pesan más que los números. Macri, con tono de patriarca, avisó: “El que se pinta de violeta, no vuelve”. Milei, fiel a su estilo, sonríe y guarda silencio. Por ahora.