En una jornada que explotó como un trueno sobre el cielo chaqueño, el jurado popular declaró culpable a César Sena por el homicidio agravado de Cecilia Strzyzowski, mientras que sus padres, Emerenciano Sena y Marcela Acuña, fueron considerados partícipes primarios. Con los ojos del país clavados en la sala, el fallo cayó como un mazazo y puso fin a uno de los juicios más impactantes y polémicos de los últimos años. Afuera, la tensión se podía cortar con un cuchillo: insultos, gritos y escolta policial para los defensores, en una escena digna de un final de temporada.
Las repercusiones políticas llegaron en cascada. Desde el propio ministro de Seguridad chaqueño, que habló de “un poder político cómplice” detrás del clan, hasta Patricia Bullrich, que celebró el veredicto con la contundencia que la caracteriza. Mientras unos señalaban viejas alianzas electorales que hoy duelen, otros destacaban el accionar de la Justicia, que —según remarcaron— “puso la vara altísima” y desbarató la red de impunidad que durante años blindó a los Sena. Nadie salió indemne: el caso dejó al descubierto una trama de poder, violencia y silencios incómodos.
Dentro del recinto, la jueza Dolly Fernández definió el proceso como “difícil y largo”, pero aseguró sentirse satisfecha con un cierre unánime. El momento de la lectura del veredicto fue puro drama: acusados tensos, familiares llorando y un jurado que marcó un antes y un después en la historia judicial chaqueña. Con seis culpables, una única absuelta y un país entero mirando, el caso Strzyzowski se convierte en un golpe monumental contra el feudalismo político y un mensaje inequívoco: la verdad puede tardar, pero cuando llega… arrasa.