El sábado explotó el infierno en Villa Celina cuando un gigantesco incendio devoró una fábrica textil ubicada en un predio industrial pegado a la Ricchieri. En cuestión de minutos, el ex shopping —hoy usado como depósito— quedó convertido en una bola de fuego visible desde varios kilómetros, mientras columnas negras de humo tapaban el cielo y el barrio entraba en estado de shock. Cinco dotaciones de bomberos corrieron al lugar para intentar frenar las llamas, que avanzaban a una velocidad alarmante entre rollos de tela y locales pegados uno al otro como fichas de dominó inflamables.
El predio estaba cerrado y sin empleados al momento del estallido, según confirmó el jefe de seguridad del complejo, pero eso no calmó a los vecinos, que estallaron en bronca. Entre gritos y reclamos, denunciaron que los bomberos tardaron cerca de una hora en llegar y que la presión de agua era tan baja que parecía una broma de mal gusto frente al monstruo de fuego que avanzaba imparable. “No nos dejan pasar porque puede derrumbarse todo”, contó un trabajador que miraba impotente cómo el depósito donde laburaba quedaba reducido a cenizas.
Las primeras versiones apuntan a una falla eléctrica como la chispa que encendió el desastre, aunque las pericias recién empiezan y la tensión sigue al rojo vivo. Con locales calcinados, pérdidas millonarias y una estructura que amenaza con venirse abajo, el incendio dejó más preguntas que respuestas. Villa Celina vivió una tarde de película… pero de terror industrial.