En su próximo mandato como presidente, Donald Trump promete enfrentarse al “Deep State”, un término usado para referirse a la influencia de actores no electos sobre las decisiones políticas y económicas de Estados Unidos. Desde su primer gobierno, Trump ha señalado a esta estructura como un obstáculo para sus políticas y ahora busca equilibrar su relación con poderosos empresarios como Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, cuyas empresas tienen vínculos con organismos clave del gobierno federal.
La idea del “Deep State” no es nueva y ha generado debates entre académicos, desde quienes lo ven como un sistema difuso pero real, hasta quienes lo califican como una conspiración exagerada. Sin embargo, Trump reafirma su intención de “limpiar” las estructuras gubernamentales para priorizar a los estadounidenses. ¿Logrará este equilibrio entre poder político y económico, o será una batalla con final incierto?