Cámaras nuevas, viejos problemas: el municipio de Necochea vende humo con la seguridad

El intendente volvió a mostrarse con anuncios grandilocuentes sobre la instalación y renovación de cámaras de seguridad en el distrito, esta vez en las localidades del interior como La Dulce, Juan N. Fernández, Claraz y Ramón Santamarina. Sin embargo, detrás del despliegue de palabras y promesas, la realidad es que los equipos reemplazados llevaban años sin funcionar y el monitoreo efectivo en los barrios sigue brillando por su ausencia.

Mientras se habla de fibra óptica, grabadores y televisores para que los vecinos “vean en vivo” lo que sucede, en Necochea y Quequén persisten las quejas por cámaras que no registran nada, equipos deteriorados por el salitre en la costa y un centro de monitoreo que más parece un decorado que una herramienta de prevención. El municipio llega tarde a un problema que se arrastra desde hace tiempo: la inseguridad cotidiana que padecen los vecinos sigue sin respuestas reales.

La estrategia oficial es presentar como avance lo que en realidad es una reparación obligada por la desidia. En vez de invertir en políticas de seguridad integrales, el gobierno local se limita a cambiar cámaras rotas y mostrarlas como si fueran una revolución tecnológica. Mientras tanto, los delitos en barrios, accesos y zonas rurales siguen marcando la agenda de los ciudadanos, que ya no se conforman con pantallas ni discursos, sino que esperan soluciones concretas que el municipio aún no sabe —o no quiere— dar.