Domingo con gusto amargo para los marplatenses que madrugaron y se toparon con lo inevitable: una nueva suba en el precio de los combustibles. Sin anuncio oficial ni cartel rojo de alerta, YPF remarcó los valores en sus estaciones de servicio con un aumento promedio del 2,5%, llevando el litro de nafta Súper a $1.434 y la Infinia a $1.646. El gasoil, por su parte, tampoco se salvó: el litro de Diesel común trepó a $1.375 y el premium a $1.542.
La empresa estatal, que maneja más de la mitad del mercado nacional, justificó la suba señalando que responde al “seguimiento de variables clave como el precio del crudo”. Sin embargo, para los usuarios todo suena a la misma melodía de siempre: ajuste tras ajuste, con una lógica cada vez más alejada del bolsillo argentino. Lo más llamativo es que esta actualización llega apenas tres semanas después del último incremento del 5,5% registrado el 1° de julio.
YPF se ampara en su nuevo sistema de “precios dinámicos” y en un flamante Centro de Monitoreo que le permite modificar los precios en tiempo real según zona, hora y demanda. Para el consumidor común, eso se traduce en un escenario cada vez más impredecible donde cargar combustible se vuelve una apuesta diaria. Mientras tanto, el silencio del Gobierno ante la escalada de precios deja una sola certeza: el bolsillo del ciudadano es el único que no recibe respiro.