Axel Kicillof finalmente consiguió lo que buscaba: la Legislatura bonaerense aprobó el endeudamiento por USD 3.685 millones después de una noche de negociaciones frenéticas, pases de factura y acuerdos a puertas cerradas. La Cámara de Diputados dio la media sanción pasada la 1.30 de la madrugada y el Senado la confirmó antes de las 4, en una sesión exprés que dejó una mezcla de alivio, reproches y olor a rosca caliente en el aire.
El nudo del conflicto fue el fondo para los municipios, una pelea que tensó a la UCR, al Ejecutivo y a toda la oposición durante semanas. La oposición radical acusó al gobierno de cambiar cifras de un día para otro, pero el entuerto se destrabó —casualmente— justo antes del retorno al recinto. Sin embargo, la llave del acuerdo estuvo en otro lado: cargos, muchos cargos. Para garantizar los votos, Kicillof debió entregar lugares en el Banco Provincia, ampliar su directorio por ley, y repartir posiciones en el Tribunal Fiscal y el Consejo de Educación. Un toma y daca clásico, pero con precio premium.
Mientras el oficialismo celebraba, La Libertad Avanza salió con los tapones de punta. Sebastián Pareja denunció un “pacto inescrupuloso” y dijo que el BAPRO fue usado como “botín de guerra”. Pero nada frenó la maquinaria: hacia las 3.30 el Senado abrió la sesión, y en apenas quince minutos dejó sellado el endeudamiento más grande de la gestión. Kicillof respira tranquilo por ahora… aunque el costo político de esta madrugada quedará resonando mucho más que la votación.