Con la inflación negándose a bajar del 3% y cinco elecciones legislativas en el horizonte, el Gobierno activó su estrategia en cuatro frentes: precios congelados a la fuerza, paritarias pisadas, tarifas dosificadas y un dólar planchado a toda costa. El objetivo es claro: calmar el índice de inflación a cualquier precio, incluso si eso significa tensar la cuerda con gremios, empresas y consumidores.
Luis Caputo encabeza la avanzada: ya escrachó a empresas por remarcar precios y demora la homologación de aumentos salariales que superen el techo oficial. El mensaje es directo: si los sueldos suben, los precios también… y eso no puede pasar antes de votar. Por eso, el acuerdo de Comercio duerme en el escritorio de Trabajo. En paralelo, las tarifas suben con cuentagotas y las naftas bajaron 4% para no empujar la inflación.
El último movimiento apunta al dólar: mantenerlo abajo como sea. Para eso, se habilitó el ingreso de capitales golondrina, se alienta a gastar “los dólares del colchón” y se presiona al campo para que liquiden divisas. Milei quiere pesos circulando, precios estables y una economía que no frene justo cuando se juega el partido más político del año. ¿Alcanza? El INDEC tendrá la última palabra.