En la antesala de las elecciones, Arturo Rojas volvió a demostrar que su estrategia no pasa por mostrar resultados, sino por atacar a la oposición. Esta vez apuntó contra La Libertad Avanza, asegurando que “solo traen críticas y ninguna solución”. Lo curioso es que después de casi dos mandatos, los propios vecinos son los que siguen reclamando por calles destruidas, hospitales desfinanciados y un municipio que nunca termina de ponerse de pie.
Lejos de asumir la responsabilidad de una gestión marcada por parches y promesas incumplidas, el jefe comunal intenta instalar el fantasma de un supuesto “ahogo económico” si la oposición llegara al poder. Sin embargo, la realidad muestra otra cosa: el ahogo ya existe y es consecuencia de años de improvisación, deudas judicializadas y falta de planificación. Mientras Rojas se victimiza, la ciudad sigue pagando las consecuencias de una administración que no logra dar respuestas básicas.
La jugada política es clara: Rojas quiere blindar a su espacio con el miedo, señalando a otros como culpables de un caos que él mismo ayudó a construir. Los vecinos, sin embargo, ven cómo se deteriora día a día el transporte, la salud y la infraestructura urbana. Ante este panorama, su discurso de “estar siempre presentes” queda vacío, porque lo único que se mantiene constante es la incapacidad de gestión.