ROJAS LLORA “GRAVEDAD INSTITUCIONAL” TRAS SEIS AÑOS DE DESASTRE EN EL CASINO

Arturo Rojas montó una conferencia de prensa con tono apocalíptico para denunciar una supuesta “gravedad institucional”, aunque el escenario elegido —las escalinatas de un Casino en ruinas— pareció un espejo perfecto de su propia gestión. Con más micrófonos que soluciones y con la ausencia notoria de vecinos comunes, el intendente apuntó contra la oposición por “boicotear” un proyecto que, curiosamente, no logró encaminar en más de media década de gobierno. Ahora, a las apuradas, culpa a todos menos a sí mismo.

El jefe comunal calificó de “mamarracho jurídico” una ordenanza que ni siquiera nació bajo su mandato, mientras intenta vender como urgencia lo que fue abandono prolongado. Habla de inseguridad jurídica y de espantar inversiones, pero el Casino lleva años espantando turistas a la vista de todos, sin que desde el Ejecutivo apareciera un plan claro, transparente y consensuado. El problema no es la oposición: es la improvisación constante de una gestión que llega tarde a todo.

Entre advertencias de vetos, judicialización y discursos sobre empleo, Rojas volvió a recurrir al libreto del miedo para tapar una realidad incómoda: tuvo seis años para resolver el destino del Casino y no lo hizo. Ahora, cuando el calendario político aprieta, intenta acelerar una salida desordenada y señala culpables externos. El derrumbe institucional que denuncia no está en el Concejo: está en una conducción que convirtió un ícono de Necochea en símbolo de promesas rotas.