El avance de la inteligencia artificial dejó de ser un pronóstico futurista para convertirse en una realidad cotidiana que crece más rápido de lo que podemos discutirla. En un nuevo episodio del ciclo audiovisual La Conversación, tres referentes argentinos —Santiago Siri, Julia Pomares y Tomás Balmaceda— pusieron en el centro del debate los dilemas éticos, políticos y sociales de esta tecnología que, a paso acelerado, está transformando el mundo. ¿Estamos realmente decidiendo hacia dónde va la IA o simplemente nos estamos dejando llevar?
A medida que se integran a la IA funciones cada vez más humanas —como redactar textos, componer música o tomar decisiones médicas—, también crecen las tensiones. Mientras algunos celebran su eficiencia, otros alertan sobre la concentración de poder, la opacidad de sus procesos y la falta de marcos regulatorios. “Estamos siempre un paso atrás”, sintetizó Pomares. Siri, en tanto, remarcó el costo y la escala necesarios para desarrollar modelos como ChatGPT, y cómo esto beneficia solo a un puñado de gigantes tecnológicos. Balmaceda, por su parte, cuestionó la idea de que todo deba medirse en términos de productividad, sobre todo en áreas sensibles como la educación.
El gran riesgo, coincidieron, es que la IA no solo reemplace tareas, sino que vacíe de sentido nuestros trabajos y habilidades. “La IA no te reemplaza, te reemplaza quien la sabe usar”, advirtió Siri. Pero también se preguntaron: ¿qué pasa si toda una generación delega su capacidad de pensar, escribir y analizar? Frente a ese panorama, el verdadero desafío no es técnico sino político: qué lugar queremos darle a estas herramientas en nuestra sociedad y cómo garantizar que estén al servicio del bien común, antes de que sea demasiado tarde para decidirlo.